Una advertencia que nunca quisimos ver confirmada
Los colegios profesionales de Alicante, integrados en la Unión Profesional de Alicante (UPA), nos unimos al dolor de las familias que han visto sus vidas destrozadas por el accidente ferroviario del pasado miércoles. A ellas, a sus allegados y a todas las personas afectadas trasladamos nuestra solidaridad y nuestro más sentido pésame. Una tragedia así nunca debería producirse.
Nunca hubiera querido tener que volver sobre el editorial de nuestra revista PROA, presentado el pasado 26 de junio. Bajo el título «Invisibilidad y resiliencia: el reto de conservar lo construido», advertía de una contradicción persistente en la política de infraestructuras públicas: la construcción de nuevas obras suele recibir más atención que el mantenimiento y la conservación de las ya existentes.
Nunca pretendí con dicho editorial anticipar accidente alguno. Quería recordar que la seguridad no depende únicamente de cómo se diseña o se construye una infraestructura, sino también de cómo se conserva, se inspecciona, se moderniza y se gestiona a lo largo del tiempo.
Hoy, ante esta tragedia, aquellas palabras adquieren una gravedad especial. No siento satisfacción alguna al recordarlas; solo la tristeza de que una reflexión sobre la prevención y la conservación de nuestras infraestructuras vuelva a cobrar actualidad en circunstancias tan dolorosas.
La prevención tiene una característica incómoda para quienes miden los resultados a corto plazo: cuando funciona, apenas se ve. Una vía revisada, una estructura reforzada o una tecnología actualizada difícilmente protagonizan grandes titulares. Su éxito consiste, precisamente, en que no ocurra nada. Pero esa invisibilidad no resta importancia a su función: de ella puede depender la seguridad de miles de personas.
En el ámbito ferroviario, como en cualquier infraestructura crítica, la fiabilidad exige atención permanente. El uso continuado, el envejecimiento de los materiales y la evolución tecnológica obligan a una vigilancia constante. No basta con construir bien; es necesario comprobar, mantener y renovar cuando corresponda.
Pero esperar a conocer las causas no significa renunciar a la reflexión. La tragedia nos obliga a plantearnos las mismas preguntas que hacía entonces: ¿dedicamos suficientes recursos a la conservación? ¿Evaluamos los riesgos con la anticipación necesaria? ¿Contamos con una planificación a largo plazo y una supervisión efectiva?
¿Escuchamos a quienes, desde su conocimiento técnico y profesional, pueden advertir de los problemas antes de que se conviertan en emergencias? Las respuestas deberán apoyarse en una investigación rigurosa, no en conjeturas.
Desde la UPA defendemos que estas cuestiones deben abordarse con conocimiento, prevención y responsabilidad. Los colegios profesionales reúnen a expertos cuya experiencia puede contribuir a mejorar las decisiones públicas, aportar criterios técnicos independientes y promover una cultura de seguridad que no espere a una catástrofe para recibir atención.
La prevención y la resiliencia pueden parecer conceptos abstractos, pero dejan de serlo cuando pensamos en quienes utilizan cada día un tren, una carretera o cualquier otro servicio público. Detrás de cada infraestructura hay vidas, familias, obligaciones laborales y esperanzas. La seguridad no es una cifra ni una casilla administrativa: es una responsabilidad concreta hacia las personas.
Hoy, nuestro primer pensamiento está con las víctimas y sus familias. Después vendrán la investigación, las explicaciones y las decisiones que correspondan. Sería imperdonable que la conmoción se desvaneciera sin una voluntad firme de aprender y mejorar.
El editorial de PROA concluía con una idea que hoy quiero reiterar: una sociedad verdaderamente moderna no es la que más inaugura, sino la que mejor conserva. Conservar es cuidar lo construido, anticiparse al deterioro y proteger aquello de lo que depende la vida cotidiana de los ciudadanos.
Ojalá no tuviéramos que recordar estas palabras después de una tragedia. Ojalá la prevención dejara de ser invisible antes de que sus ausencias se hagan dolorosamente visibles.
Por memoria de quienes han perdido la vida, por respeto a sus familias y por responsabilidad hacia toda la sociedad, que el dolor de estos días se traduzca en un compromiso duradero con la seguridad y la conservación de nuestras infraestructuras.
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