El Trabajo Social ante los retos de la inclusión educativa

 

 

En los últimos tiempos, vivimos en educación de la Comunitat Valenciana un momento especialmente creativo e ilusionante. La palabra inclusión inunda como nunca la filosofía, la legislación y el lenguaje cotidiano de nuestros centros escolares. Inclusión en el sentido amplio, entendida como generación de una actitud y aptitud, pero también como creación y profundización de estructuras educativas que tienen en cuenta las necesidades y diversidades de toda la población escolar. Suena bien.

La inclusión no tiene tanto que ver con las capacidades que las personas tienen como con las barreras que el entorno presenta y que dificultan el ejercicio pleno de la ciudadanía. La primera y mayor limitación del entorno es la mental, la escuela que imagina un mundo uniforme, donde todos los niños comprenden la lección dictada con el mismo código oral, corporal o psicológico. Es una escuela que proyecta un mundo irreal y que coloca en segunda división a los que no alcanzan los estándares.

Existen diversidades que por sus características resultan evidentes: personas invidentes, desplazamientos en silla mecánica y así un largo etcétera. Pero existen otras barreras, cuyo origen se encuentra en la posición en la escala social de las personas y familias, que no resultan tan evidentes y que también dificultan el acceso a los aprendizajes en igualdad de condiciones, son necesidades de compensación de desigualdades.

Las desigualdades son el núcleo de la intervención del Trabajo Social. La puesta en relación de necesidades y recursos son cuestiones esenciales a nuestra disciplina, por eso, queremos que la Conselleria de Educación rentabilice el Trabajo Social. Queremos dejar de sentirnos ausentes de las legislaciones de inclusión.

La compensación de desigualdades pasa por un ingente Trabajo Social con las familias del alumnado, estableciendo la relación de ayuda que favorezca el éxito escolar.

Los servicios sociales municipales están presentes en la legislación de inclusión, pero éstos, generalmente, valoran y actúan sobre situaciones de riesgo y desamparo de menores. No obstante, en la enseñanza se dan indicadores relativos a los aprendizajes que son claramente predictivos de fracaso escolar: falta de motivación, ausencia de valoración y seguimiento escolar, dificultades para establecer pautas educativas… sobre las que es posible intervenir de forma preventiva. Desde nuestro punto de vista, esto es la esencia de la compensación de las desiguales. El no actuar sobre estos indicadores es una quiebra del principio de igualdad de oportunidades y una limitación para los alumnos en sus futuras posibilidades de movilidad social.

Los trabajadores sociales podemos orientar la apertura de los centros a las familias, promoviendo la identificación con el entorno educativo, además de orientar la apertura de los centros al entorno comunitario. Todo al objeto de establecer sinergias hacia el objetivo de una educación que no deje a nadie atrás. Por ello, recordamos a nuestra Conselleria que estamos aquí solidarios con el esfuerzo que realizan para la inclusión.

Ramona Martínez Madrid, trabajadora social miembro de la comisión de Educación del Colegio Oficial de Trabajo Social de Alicante.

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