Un aplauso a la abogacía

15.04.2020 | 21:52

He defendido siempre, por eso no ha de extrañar a quienes esto lean, que la asistencia jurídica gratuita es uno de los servicios públicos más esenciales que tiene el Estado de Derecho

Diariamente desde que empezó esta pesadilla salimos a las 20:00 horas a los balcones, yo el primero, para aplaudir la labor y la lucha que los sanitarios libran en primera línea contra el virus evitando que esta pandemia ya de por sí trágica, sea infinitamente peor. Mi aplauso infinito para ellos, yo diría que eterno. Nunca os podremos agradecer bastante que a riesgo de vuestra propia vida, hagáis el sacrificio personal más abnegado de cuantos existen. También mi aplauso a las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, juzgados de guardia, transportistas, agricultores, cajeros y cajeras, tenderos, repartidores y a todos aquellos que ponen su trabajo al servicio de la sociedad asumiendo innegables peligros para que los demás podamos vivir dignamente el confinamiento provocado por esta pandemia.

Dicho esto, y sin perjuicio de las críticas consecuencias que la situación traslada a la Abogacía en general, merecedoras sin duda, de una honda reflexión, me puse a escribir estas líneas porque en todos esos múltiples y merecidos reconocimientos, sólo en contadas ocasiones, por no decir nunca, se hace referencia a las abogadas y abogados del Turno de Oficio.

 

He defendido siempre, por eso no ha de extrañar a quienes esto lean, que la asistencia jurídica gratuita es uno de los servicios públicos más esenciales que tiene el Estado de Derecho. Desde que un ciudadano es detenido; desde ese preciso instante, cuenta con una abogada, con un abogado que le asiste y le defiende. En ese lapso agónico de falta de libertad tendrá a su lado un profesional con mayúsculas de la abogacía de oficio, sea mañana, tarde o noche, 365 días al año, sin fiestas, ni días de guardar; por eso traigo a colación esta reflexión porque declarado el estado de alarma y cuando el resto de la sociedad aceptaba su confinamiento total, los abogados y abogadas del turno han seguido atendiendo tan necesaria labor, abandonando la seguridad de sus domicilios, la salvaguarda de sus familias, para prestar asistencia jurídica a quienes se veían, por un motivo u otro privados de libertad, y creo que es de justicia, nunca mejor dicho, que se sepa y que se diga.

Los Consejos y Colegios de la Abogacía en el saturado mercado sanitario, hemos tenido que reinventarnos para procurar a estos profesionales medidas de protección con las que de inicio no se contaba porque había quien consideraba que para el turno de oficio no estaban previstas?; hemos subvenido a la necesidad fabricando en nuestros departamentos de informática el material necesario porque querer es poder; hemos tenido que exigir hasta la extenuación la utilización de medios telemáticos en la toma de declaraciones a los detenidos para evitar el riesgo de contagio, propósito conseguido en ocasiones, solo en algunas, gracias al empeño de determinados jueces o mandos policiales, pero negados sistemática e insolidariamente por ciertas autoridades desde el saludable y cómodo resguardo de sus despachos; hemos tenido que recurrir la discriminación que se hace por los gobiernos central y autonómico a los profesionales de la abogacía -autónomos que trabajamos por cuenta propia- y otorgar amparo colegial a quienes estando de guardia fueran requeridos para comparecer en locales o dependencias que no contaran con los medios de protección indispensables; pero todo ello, y es mucho, no ha impedido que se haya dejado de prestar ni un solo segundo el derecho constitucional a la defensa y a la asistencia de letrado, que así lo expresa textualmente nuestra Carta Magna, tanto en comisarías, puestos de la guardia civil, dependencias de la policía local, juzgados de instrucción y de violencia de género, renunciando a la protección del confinamiento y asumiendo idénticos riesgos que otras profesiones u oficios a los que al principio me he referido.

Por ello hoy pido que una pequeña parte de ese aplauso diario premie a estos hombres y mujeres que os y nos defienden, tantas veces maltratados no solo en la puntual y justa retribución por su trabajo, sino lo que es peor, en el desconsiderado olvido de la importancia y esencialidad de su función; hombres y mujeres que no le niegan a ningún ciudadano su derecho a ser defendido aunque el avance de la pandemia asole sus pueblos o ciudades. Mi reconocimiento y aplauso para ellos, para que les llegue atronador en estos momentos en los que a su nuclear labor, a su solidaridad y a la vocación de siempre, se suma la vertiente humana de su impagable servicio.

 

Fuente: diarioinformacion.com

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